
Vuelven las doncellas, vuelven con su fragancia solitaria y entrañablemente delicada, entregan sus fragantes bocas al transeúnte, al paseante, incluso al que ha perdido la dirección de las esquinas o el empuje del viento, hay aromas que rescatan los sentidos del limbo, hay colores que combaten el tiempo y cercenan la melancolía de los pétalos, haciendo a un lado las hojas, que son como túmulos fúnebres. El olvido toma en sus brazos a la luz fría de nuestro invierno, y echa en su bolsillo las lágrimas en las aceras, nos barre la nieve, nos sorprende y mira con dulzura, pues le ha abierto las puertas a esta primavera.



